Para poder definir qué son las empresas de bienes de consumo, primero es necesario entender qué son los bienes de consumo en sí. Estos son aquellos productos creados para satisfacer directamente las necesidades personales o domésticas del usuario final. Son el resultado culminante de la cadena de producción y fabricación; es decir, el producto final que el consumidor ve en la tienda y decide comprar (lo que en los negocios se conoce como modelo Business-to-Consumer o B2C). Por ejemplo, la comida, las bebidas, el vestido, los productos de vidrio, cartón o plástico, los artículos de la industria farmacéutica que no necesitan receta médica, los cosméticos, los automóviles… y la lista sigue. Son mercancías que cubren una necesidad específica y, por lo general, se consumen regularmente en un periodo de tiempo, ya sea corto o largo.
Para tenerlo aún más claro, estos bienes se distinguen radicalmente de los bienes de producción o de capital, que son aquellos utilizados por otras industrias para fabricar más bienes. Los bienes de capital no son de consumo directo porque requieren ser modificados para convertirse en productos utilizables. Por ejemplo, el cobre es un bien de capital; el consumidor no lo compra directamente en su estado puro. El cobre es utilizado en una fábrica para hacer una olla. Por lo tanto, llega al comprador de forma alterada. En cambio, esa olla terminada sí es un bien de consumo porque llega a las manos del cliente lista para usarse, sin requerir más alteraciones.
A su vez, los bienes de consumo se pueden dividir principalmente en dos grandes grupos: los no duraderos y los duraderos. Los primeros, también conocidos como bienes de consumo masivo, son aquellos que se agotan en un periodo corto de tiempo y tienen una alta rotación. Un ejemplo claro es un litro de leche o un producto de higiene personal, pues se consumen rápidamente, tienen un precio accesible y se compran con frecuencia. Por otro lado, los bienes duraderos tienen una vida útil mucho mayor y representan un gasto más planificado. Un ejemplo de esto es un automóvil o un electrodoméstico, los cuales no se agotan de inmediato, sino que siguen cubriendo las necesidades del cliente durante años.
Entendido esto, las empresas de bienes de consumo son todas aquellas organizaciones que se dedican a diseñar, producir y distribuir estos productos, ya sean duraderos o no duraderos. Actualmente, estas empresas son innumerables y de muchos tipos —como se puede constatar con las cifras del INEGI—, lo que ha generado una competencia sumamente feroz en el mercado. Dado que muchas veces los márgenes de ganancia por producto son pequeños (especialmente en los bienes no duraderos), estas compañías dependen de vender en grandes volúmenes a través de inmensas redes de distribución, como supermercados, tiendas minoristas y plataformas de comercio electrónico.
Para que una empresa de bienes de consumo pueda sobrevivir y destacar en este mundo tan competitivo, es indispensable que conozca a fondo las necesidades y preferencias de su consumidor, cuáles son sus comportamientos de compra y sus canales preferidos. Hoy en día, no basta con fabricar un buen producto; deben crear estrategias de acción integrales. Esto incluye un plan de comunicación que contemple campañas de marketing digital a través de redes sociales, adaptación a las nuevas tendencias del mercado y una fuerte conexión emocional. Solo de esta manera pueden conocer realmente a sus clientes, crear fidelidad hacia la marca y evitar perecer en el intento.

