El Palacio de los Deportes y el cambio constante

En la década de los sesenta, cuando la Ciudad de México crecía a pasos agigantados, se tenía que cubrir una de las necesidades más básicas de los habitantes: la oportunidad de hacer ejercicio y practicar un deporte. Para ello, se construyó el Palacio de los Deportes. En él, al paso de los años, también podría disfrutarse espectáculos de esta índole.

Los líderes del gran esfuerzo que implicaba levantar tal proyecto fueron Félix Candela, Antonio Peyrí Maciá y Enrique Castañeda Tamborell, y la empresa que serviría para sus propósitos era el grupo ICA. Así, con el equipo listo, empezó su edificación el 15 de octubre de 1966.

Su diseño, inspirado por el Palacio de los Deportes que había sido construido en España seis años atrás fue el que dio rienda suelta al proyecto . Así que se le apodó en algún momento como el Palacio de los Mil Soles por la forma de los prismas en la fachada, misma que está diseñada de esta manera con un propósito muy específico.

Como se iba a utilizar una gran cantidad de concreto en la estructura, se tuvieron que colocar unas columnas de forma estratégica y a su vez ésta se decidió aminorar con un recubrimiento de cobre para soportar el peso.

Nadie sabía que al paso de los años, uno de los usos más usuales del lugar, iba a ser el de escenario para eventos musicales a gran escala. Y es que por su diseño circular, es ideal para cambiar de posición el escenario y ofrecer una gran vista a los 20 mil asistentes que puede albergar.

Sin embargo, la forma del teco al interior, así como los materiales no hacían de éste el lugar idóneo para escuchar música de forma adecuada así que de a poco se le han hecho modificaciones para remediar la situación.

Y hoy, cincuenta años después de su construcción, sigue vistiendo el firmamento. Provocando que se acelere el corazón si es que vamos con la intención de presenciar un gran show.

Abraham Cababie Daniel