El Palacio de Bellas Artes, una obra en sí misma

El Palacio de Bellas Artes es, dentro de la Ciudad de México, el destino turístico por excelencia. La mente detrás de tan majestuosa edificación fue el arquitecto Adamo Boari, quien logró combinar los estilos Art Nouveau y el Art Decó tomando como material predominante para el exterior el mármol blanco italiano, no sólo por su duración sino por su elegancia visual. Dentro la vista cambia y toma formas diversas que son moldeadas en mármoles que se obtuvieron en México.

Por si fuera poco, también acoge murales de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco. Con lo que se gana a pulso el ser la cuna de las siete bellas artes.

Su construcción, no es para menos, tomó treinta años. Empezó a erigirse como el Teatro Nacional en 1904, pero no fue sino hasta casi un año después que Porfirio Díaz colocó la primera piedra. El presidente al que le tocó inaugurar el recinto fue a Abelardo L. Rodríguez en 1934.

El punto más alto, mismo que podríamos concebir como una corona, corresponde a la cúpula que tiene una altura de 40 metros.

Para una construcción exitosa se precisó la participación de Gonzalo Garita como el ingeniero de edificación, así como la contratación de la empresa Milliiken Brothers para los cálculos y planos. Pero Boari y Garita tuvieron un desencuentro profesional, lo que provocó la salida del ingeniero.

A largo plazo, la dimisión del ingeniero provocó hundimientos en la construcción, mismos que alcanzaron una profundidad de casi dos metros para 1921. Aunque éste no es el único obstáculo que tuvo que sortear, pues en 1910, a causa de la Revolución Mexicana se tuvo que detener la obra.

Hoy en día, se vislumbra glorioso e imponente, siempre dispuesto a cobijar espectáculos de primer nivel. Aunque el edificio en sí mismo es ya una obra de arte.

Abraham Cababie Daniel.