Los hoteles en Cuernavaca te cuentan sobre el cerro del Tepozteco

Durante unas vacaciones que realicé en el hotel Fiesta Americana, uno de los más agradables hoteles en Cuernavaca, escuché un par de historias que me motivaron a visitar el cerro del Tepozteco. Ya ahí, debo decir que fue bastante agotador subir hasta arriba, pero valió la pena para comprobar los lugares en donde se desarrollan el par de narraciones que les contaré.

El primero de los relatos comienza con una joven que era muy bella, y que era hija de uno de los señores importantes del pueblo. Por lo mismo, debía actuar con bastante prudencia. Sin embargo, de vez en cuando, ella se escapaba para darse un baño en la Barranca de Atongo, a pesar de lo que decían algunas lenguas sobre los “aires” que corrían por ahí. No obstante, uno de ellos la tomó por sorpresa, y sin saber cómo explicarlo, confesó a sus padres que estaba embarazada.

Así, la naturaleza siguió su curso y el niño llegó a la Tierra. Su abuelo buscó formas de deshacerse de él, pero siempre ocurría algo inexplicable ante sus ojos. Por ejemplo, en una ocasión intentó arrojarlo contra piedras, esperando que muriera por el impacto, pero el viento soplaba fuertemente, y lo colocaba con suavidad en tierra segura. O bien, cuando se lo daba a hormigas furiosas, éstas se calmaban para cuidarlo como a un miembro más.

Pero el abuelo lo dejó y se fue de ahí. En ese momento, pasaban dos ancianos que no habían podido tener hijos, y lo vieron solo, por lo que decidieron llevárselo a su casa. El pueblo donde vivían estaba en constante amenaza por una serpiente que vivía ahí y que comía viejos. Pero Tepozteco creció feliz, entre su familia adoptiva. Un día, cuando ya tenía una edad de joven, eligieron a su papá para el sacrificio a la serpiente. Indignado, Tepozteco se puso en su lugar y se preparó para ir hacia donde estaba la desgraciada. Su padre le pidió que no lo hiciera, pero él no lo oyó y se encaminó a Xochicalco con varios pedazos de obsidiana. Apenas llegó, la serpiente lo comió.

Cuando estuvo dentro, Tepozteco tomó la obsidiana que había colectado y la utilizó para destrozar las entrañas de la malvada serpiente. Luego, cuando regresaba, pasó por un lugar donde vio una flauta y un tambor que quiso tocar, pero no lo dejaron. Indignado, causó un arenal que los dejara ciegos para llevarse los instrumentos. Así, guiados por el sonido, los pobladores comenzaron a seguirlo y cuando ya pudieron ver, estuvieron cerca de atraparlo, pero el Tepozteco creó el cauce del río que está en Cuernavaca, por lo que impidió el paso. Luego, al subirse al cerro de Ehecátepetl, las personas lo intentaron cortar, creando los corredores de aire que hay ahí.

En el momento en que llegó a Tepoztlán, las personas ya lo esperaban felices por lo que había hecho. Lo nombraron su gobernante, y reinó durante mucho tiempo. Pero una mañana, nadie lo encontró, y nadie sabía en dónde estaba. Hasta la fecha…

No obstante, en Tepoztlán existen unas leyendas que son diferentes a la que acabas de leer. Otra comienza con unas bolas de fuego que podían ser pequeñas o grandes, pero que llegaban en multitud a los árboles de la población. Dicen que esto tiene mucho tiempo, pero algunos de los ancianos más grandes todavía recuerdan esos días.

El tiempo demostró que las bolas incandescentes eran hechiceros malignos. Aunque, por alguna extraña razón, fueron desvaneciéndose, hasta que sólo quedó una. El temor estaba muy expandido por la ciudad, y los chamanes recomendaron que se pusieran algunas cruces sobre las puertas, evitando que esa mala mujer entrara a sus hogares.

La bruja se enteró de las medidas que había comenzado a tomar la población para evitar su maldad, por lo que comenzó a asesinar a cada uno de los chamanes, pues ellos eran los culpables de todo. Por eso, al anochecer, nadie se atrevía a salir de su casa a la calle.

La bruja sólo tenía una rival más en el pueblo, una de las mejores hechiceras que haya visto Tepoztlán. Sin embargo, ella temía por sus poderes, pues estaban un poco debilitados, por lo que comenzó a invocar sus fuerzas y la de espíritus que la apoyaban en el cerro del Tepozteco.

Una de tantas veces que subió, la curandera vio a la bruja, quien tapaba su paso, de forma desafiante. Lista para enfrentarla, la curandera comenzó el ataque, volviendo a invocar sus fuerzas. El cielo se puso muy oscuro y un ambiente extraño llenó todo el pueblo con una sensación horrible, que provocó los rezos en los habitantes.

La bruja cayó gravemente herida por uno de los conjuros que lanzó la hechicera. Inmediatamente, intentó abandonar la pelea, pero la población había llegado con sus propias armas a enfrentarla, cansados de su acoso constante. En un intento de huir, tropezó y pegó contra el cerro del Tepozteco, quien abrió su tierra para encerrarla. Y en la actualidad, todavía es posible encontrar la figura de la bruja intentando salir del cerro. Anímate a irla a ver.